Como homenaje a Augusto R. Cortazar, al comienzo de un nuevo año, un recuerdo de lo que escribió él luego de muchos años de estudio.
“En el curso de varios lustros de viajes de estudio he conocido numerosos pueblos, aldeas, caseríos, francos aislados, desde la puna jujeña a la pampa bonaerense y a los valles patagónicos. Me han entristecido muchos casos de atraso y penuria, de estancamiento y agonía. Fuerzas, conflictos y cambios de índole económica, social, política, han rebotado en algunos de esos desconocidos rincones con violencias de cataclismos. La vida ha cambiado en torno repentinamente, y esos lugareños, verdaderos 'durmientes del bosque', la montaña o el llano, se han visto relegados y oprimidos sin explicarse el porqué. Del apego a lo rutinario, la incuria e ignorancia de estos grupos minúsculos contribuyen, sin duda, al desastre, pero como explicación resultan factores simplistas e individuales, frente a la complejidad de los que movilizan y conmueven a la sociedad entera. (p. 29)
“Junto
a estos casos de conflicto y catástrofe, otros hay más felices. Han quedado al
margen del tiempo y su propio aislamiento los ha salvado. Sufren el olvido, mas
evitan el aniquilamiento. En ellos se advierte que viven una etapa retrasada,
pero normal, dentro del proceso de su evolución. Lugares así son para el
viajero verdaderos oasis, no solo geográficos, sino espirituales. El
investigador encuentra en los ranchos / familias, con frecuencia numerosas,
perfectamente integradas, en el sentido jurídico, social y ético. Llama su
atención la sagaz armonía funcional con que han amoldado los medios de vida a
las características de la naturaleza circundante”.
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