Cinco poemas para Semana Santa
¿Qué tengo yo que mi amistad
procuras?
Lope de Vega
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía”!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
“Mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!
*
Soneto a Cristo crucificado
Anónimo siglo XVI
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
*
Pasio
Romance del descendimiento
Versión de Siero (tradicional)
Alma, si eres compasiva,
mira, atiende y considera
que, al pie de la cruz, María
viendo está el pendiente en ella,
a su santísimo hijo
abierto por cinco puertas,
corriendo arroyo de sangre;
coronada la cabeza
de penetrantes espinas,
cayendo la sangre en ellas
que por el divino rostro
a hilo a hilo gotea.
*
Pender de un leño, traspasado el
pecho
Luis de Gòngora y Argote
Pender de un leño,
traspasado el pecho,
traspasadas las manos y los pies,
¿qué será, dura madre, sino ver
que el hombre está en el madero
deshecho?
¿De qué sirve el honor,
el oro, el techo,
si al sol se ve eclipsar en el perder,
y al hombre en tal extremo padecer,
que el cielo le negó su propio techo?
Amor, ¿qué dejas para el
alma mía,
si al que eres vida, en vuestro abrazo
diste
la muerte, y en la tuya la mía?
Yo os adoro, y en mi
pechos os llevo,
que si vos en la cruz tan triste os
viste,
yo en vuestra muerte nueva vida llevo.
*
Saeta
Paso
García
Lorca
Virgen con miriñaque,
Virgen de la Soledad,
abierta como un inmenso
tulipán.
En tu barco de luces
vas
por la alta marea
de la ciudad,
entre saetas turbias
y estrellas de cristal.
Virgen con miriñaque
tú vas
por el río de la calle,
¡hasta el mar!