Carnaval - la despedida del Diablo

La despedida del Diablo

El llamado “entierro del Carnaval”, sábado y domingo siguientes a los tres días principales (domingo, lunes y martes de esa semana) tiene una antigua tradición norteña argentina (compartida con los países limítrofes), relacionada con el fin del verano y a la vez el inicio de la Cuaresma (miércoles de Ceniza, el posterior al martes de Carnaval), época preparatoria a la Semana Santa, que en la tradición católica incluye prácticas de penitencia como ayuno y abstinencia de carne. En sus comienzos, estas prácticas penitenciales duraban los 40 días; luego (y hasta ahora) la Iglesia los redujo sólo a los viernes. De todas formas, en aquellos años centrales del siglo XIX y hasta comienzos de XX, y más allá del cumplimiento efectivo de las penitencias cuaresmales, la celebración del Carnaval trascendía esos motivos, constituyéndose como la fiesta popular más importante del año. 

La “despedida del Diablo” marcaba entonces, el fin del tiempo veraniego y celebratorio, introduciendo el recuerdo de las obligaciones del resto del año. Durante las celebraciones del Carnaval, así como durante todo el verano hasta la época de la cosecha, en el norte, era habitual el culto a la Pachamama, desde su mes principal, agosto, a la que se agradecía su ayuda para asegurar las cosechas. El Rey Momo, aunque proveniente de otra tradición, se conecta con estos ritos; y el “entierro” consistirá entonces en volver a la pacha (tierra). Por eso el “entierro” se realiza en un hoyo que representa la boca de la Pachamama. Allí se depositan ofrendas como cigarrillos, hojas de coca, chicha y serpentinas. Entre rezos y pedidos, los presentes ruegan por un nuevo año de abundancia y alegría, mientras prometen reencontrarse en el próximo carnaval. Aunque en las ciudades resulta difícil (cuando no imposible) realizar este ritual, algunas familias tradicionales, sobre todo si tienen casas con jardín o patio, pueden hacerlo en sui versión minimalista. Un pequeño hoyo en el jardín con un muñequito de papel generalmente de color rojo, o en una maceta, o incluso sobre una bandeja de metal, permiten recordar el entierro en forma de incineración y esparcimiento de las cenizas.

Es cierto que estas tradiciones, lamentablemente, están desapareciendo y son pocas las personas que de modo espontáneo preparan o participan de celebraciones carnavalescas. De allí los esfuerzos de las autoridades y los gobiernos, comprendiendo la importancia de los ritos populares para el mantenimiento de tejido social básico y su entramado histórico.  Estas acciones tienen diversos resultados, según los lugares, las ciudades e incluso los barrios. Pero es bueno y positivo que se realicen. Y que quienes consideramos que el Carnaval es una tradición que no sólo no debe desaparecer, sino que debe fortalecerse, lo apoyemos calurosamente, en la medida de nuestras posibilidades.



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