Navidad 2021

 NAVIDAD 2021

 En esta Navidad quiero compartir dos breves textos en prosa poética de dos amigas que ahora nos miran desde el cielo del Niño que cantaron: María Rosa Sobrón y María Emilia Pèrez.

Para ambas el recuerdo amoroso y agradecido.

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Navidades - Rosa María Sobrón

 Las Navidades de mí niñez ostentan un color y una fragancia perceptibles en un ámbito de un tiempo sin ayer y sin mañana. Palpitan en presente constante. Ese que construyen los afectos hondos, las grandes, las diáfanas sinceridades del alma.

Tiemblan en mis manos las figurillas del Nacimiento que voy construyendo para mis hijos. Y sé bien que, desde muy adentro, se enredan en haz de ahogadas emociones, los recuerdos otra vez. Entre las preguntas, el bullicio y el asombro, un aire de ausencia leve ya me cerca ...


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El mensajero - María Emilia Pérez

Eran tiempos de señores y vasallos. De grandes imperios, de tiranos poderosos y resignados siervos. Flaqueaba la fe de los hombres, carente de guía segura, de apoyo y protección. Deslumbrantes palacios. Paupérrimos caseríos.

Ella era muy joven y bonita. Con esa belleza suave que refleja la diafanidad, de un alma cristalina. Prometida de un mozo de su misma condición. Pero hacía mucho ya que los ojos del Señor se habían posado sobre ella, que su corazón la había elegido, entre todas las muchachas.

Como todas las de su aldea, su vida transcurría entre simples juegos y labores domésticas. Entre sus dedos hábiles, la lana de los vellones se transformaba en hilo sutil. Luego, ella misma convertía ese hilo en telas mórbidas y tibias para confeccionar sencillas vestiduras.

Su sonrisa era más dulce que la miel. Su Señor contemplaba complacido a esa criatura plena de gracia.

Los días se deslizaban parejos y tranquilos para la niña, que no imaginaba siquiera los secretos designios del Señor para con ella.

Pero el día llegó. Un emisario del Señor se presentó de improviso ante la virgen.

Estaba allí, los ojos asombrados.

El corazón volando como un pájaro.

Las manos como lirios.

El alma llena de palomas blancas.

Sólo un instante fue, sólo un instante.

Habló la voz de Dios.

Se fue el arcángel.

Ya el Redentor latía en sus entrañas

 

 

Sobre la muerte

 

Philippe Ariès

 

Inconsciente colectivo e ideas claras [sobre la muerte

[Fragmento de La muerte en Occidente, Barcelona, Vergara, 1982, pp. 181-182]

¿Llega a ser algo trivial la muerte para los intelectuales por el hecho de hallarse prohibida en las costumbres cotidianas de la sociedad posindustrial? Artículos, libros y encuestas se van sucediendo sobre un tema que ayer mismo parecía vergonzoso y reservado a las iglesias. La revista americana Phychology Today propuso a sus lectores un cuestionario sobre la muerte: recibió 30.000 respuestas, rebasando en 10.000 sus mejores marcas. La más reciente de estas manifestaciones es  el coloquio pluridisciplinario organizado en Estrasburgo el mes de octubre de 1974 en el Centro de sociología protestante de la universidad y su director Roger Mehls “la evolución de la imagen de la muerte en la sociedad y el discurso religioso de las Iglesias”. La palabra “evolución” traduce el deseo de los organizadores de situar los fenómenos contemporáneos en una serie histórica. De ahí se deriva la intervención de los historiadores[i]. En efecto, al igual que otros intelectuales, estos sufren las nuevas seducciones de la muerte: hasta hoy, lo que más retenían de la muerte era su aspecto demográfico: la mortandad. Después de pasar varios años sin haberse puesto previamente de acuerdo, han hecho converger sus investigaciones centrándolas en la actitud ante la muerte. Citemos entre ellos a M. Vovelle, F. Lebrun, P. Chaunu, E. Le Roy Ladurie… Algunos estaban en Estrasburgo. Su debate no fue sin duda el punto álgido del coloquio, Su principal lección versó más bien sobre las reacciones de intolerancia contra este interdicto de la muerte que lleva ya unos veinte años difundiéndose por la sociedad posindustrial (por ejemplo, el actual comportamiento de los ancianos estudiados por Hélène Deboul).  No obstante, de todo este examen de historiadores y de historiadores en libertad, retendré el problema general de método e interpretación histórica planteado pro M. Vovelle. En el estudio de la muerte, M. Vovelle y yo mismo hemos seguido líneas muy afines pero independientes.  Caminamos cada uno por su lado, seguros de coincidir en las encrucijadas, y entonces nos preguntamos acerca de las razones de nuestras eventuales divergencias.  Uno y otro creemos que la muerte ha cambiado, que ha cambiado varias veces, y que la misión de los historiadores consiste en situar estos cambios y, entre tales cambios, los largos períodos de inmovilidad estructural.  Con este fin, los historiadores tienen que aglutinar un amplio cuerpo de datos de toda índole, y luego deberán clasificarlos cuando puedan, compararlos, organizarlos y, finalmente, interpretarlos. A veces aparece la diferencia que nos separa, no en el método, sino en la naturaleza general de la interpretación, tal como se traduce espontáneamente en nuestras periodizaciones.  Tengo tendencia a devaluar la influencia de los sistemas religiosos y culturales: ni el Renacimiento, ni las Luces se manifiestan en mi periodización como puntas decisivas. La Iglesia me interesa más como indicador y revelador de sentimientos desapercibidos que como grupo de presión que hubiera determinado los sentimientos en sus orígenes. A mi juicio, las grandes derivas que arrastran a las mentalidades –actitudes ante la vida y la muerte– dependen de motores más secretos, más recónditos, en los límites de lo biológico y lo cultural, es decir, del inconsciente colectivo. Anima fuerzas psicológicas que son conciencia de sí, deseo de ser más, o al contrario, sentido del destino colectivo, sociabilidad, etc. M. Vovelle también admite la importancia del inconsciente colectivo, aunque tiende a reconocer, como ya ha demostrado en su encomiable Mourir autrefois, un mayor peso sobre las costumbres que el que yo concedía a lo que en nuestro brevísimo debate denominábamos las ideas claras: doctrinas religiosas, filosofías orales y políticas, efectos psicológicos de los adelantos científicos y técnicos y de los sistemas socioeconómicos. En Estrasburgo, sólo pudimos establecer la vigencia del problema: ¡un problema que quizá parezca técnico o especulativo! De hecho, determina la práctica del historiador, pues ¿cómo distinguir las cosas, y después organizarlas, sin una hipótesis clasificadora? ¿Y cómo establecer esta hipótesis sin una concepción global, declarada o no?[ii].



[i] P. Ariès, “Las grandes etapas y el sentido de la evolución de nuestras actitudes ante la muerte”, Coloquio sobre la evolución de la imagen de la muerte en la sociedad y el discurso religioso de las Iglesias, Estrasburgo, octubre de 1974; M. Vovelle, “El estado actual de los métodos y los problemas y de su interpretación”, ibíd.; B. Vogler, “Actitudes ante la muerte en las Iglesias protestantes…”, ibíd.; D. Ligou, “La evolución de los cementerios…”, ibíd.   Estas ponencias aparecerán próximamente en los Archives des sciences sociales des religions (CN RS) n. 1, 1975.

[ii] Anthinea n. 8, agosto-septiembre, 1975, p. 3-4.

Sobre la conquista de América, contribución al debate

 

 

Una nota sobre la historia de América, contribución al debate actual

                                                                                                                            Celina Hurtado

Introducción

El 13 de agosto de 2021 se cumplió el Quinto Centenario de la caída de Tenochtitlán y en ocasión de la conmemoración, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se refirió al acontecimiento como un hecho deplorable por el cual España debería pedir perdón. Ideas similares fueron expresadas más recientemente, con ocasión del 12 de octubre, antes denominado Día de la Raza, luego Día de la Hispanidad y actualmente de los Pueblos Originarios, de la Diversidad Cultural o expresiones similares. El mismo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, esgrimió términos negativos similares. Muchas estatuas de Colón o de otros descubridores o conquistadores han sido desmontadas, y en otros casos vandalizadas.

La controversia está instalada más bien en términos ideológicos que históricos.  La extinción de la mayoría de los pueblos originarios es un hecho, sus causas y sus responsables son tema de arduas discusiones. Pero el caso de Tenochtitlán es paradigmático de estas confusiones. En realidad la caída de la ciudad se hizo posible porque los españoles (que eran apenas un puñado frente a más de un millón de habitantes de la ciudad) tuvieron el apoyo de otras etnias que odiaban a los aztecas. Hoy los historiadores pueden decir, con seguridad, que no se hubiera tomado la ciudad si no hubiese sido por el aporte de cien mil guerreros tlascaltecas que se aliaron a los españoles y que luego tuvieron un trato especial durante la época de la colonización.  Una historiadora mexicana dice, irónicamente, que “México fue conqusitada por los indios (los tlascaltecas) y liberada por los españoles” (los criollos de la independencia, que legalmente eran españoles).

También se pasa por alto que en Perú no se hubiera dominado a los reyes Incas si no fuera por sus propias traiciones familiares. Y además, en la periferia, por el rencor de otras etnias sometidas. Finalmente, para no abundar más y en relación a la tan denostada Campaña al Desierto de Roca, se omite el dato no menor de que el ejército contó con la inestimable colaboración de tribus enemigas de los araucanos, porque habían sido sometidas por ellos, y que aportaron casi mil “lanzas” (caballería ligera) con gran experiencia de combate (el ejército  araucano de Namuncurá tenía 8000 hombres, el ejército de Roca tenía 6000, y la diferencia, puede decirse, la cubrieron las mil lanzas indias a su favor).  Es decir, la historia tiene que ser contada de nuevo, con todos sus datos. 

Pero, además, la cuestión ideológica no deja de estar presente. Los historiadores toman su partido, sea que manejen o no los datos. Desde luego, es mejor que los manejen y puedan fundamentar así su posición. En este sentido, es interesante lo sucedido con el presidente mexicano: se refirió de modo  muy crítico y casi despreciativamente a un historiador argentino que publicó un libro contra la “leyenda negra”. Marcelo Gullo, el aludido, le contestó en una nota periodística publicada en España el 25 de agosto pp. Lo que dice no tiene desperdicio, no sólo por las rectificaciones históricas que esgrime, sino también porque, puestos a “aggiornar” (lo que para muchos es una indebida ucronía, pero transeat) los conceptos, también los aztecas pueden ser llamados “genocidas” (además de antropófagos) y por tanto “violadores de los derechos humanos” de los otros indios, lo que justifica de por sí la intervención en defensa de las víctimas, como hoy se reclama en otros casos. De modo que esta breve y urticante nota introduce un nuevo elemento discursivo que vale la pena tomar en cuanta.

Para aportar elementos a este debate abierto comparto la nota.

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Marcelo Gullo

Carta a López Obrador sobre aztecas y entrañas humanas

Estimado señor presidente de la República de México don Andrés Manuel López Obrador.

El pasado 13 de agosto, en ocasión de cumplirse el 500 aniversario de la liberación -para usted caída- de Tenochtitlán citó textualmente, sin nombrarme, un párrafo de la entrevista que el diario El Mundo tuvo a bien realizarme el viernes 23 de julio a raíz de la publicación en España de mi libro Madre Patria, desmontando la leyenda negra desde Bartolomé de las Casas hasta el separatismo catalán.

En su discurso usted afirmó: "Hay asuntos que deben aclararse en la medida de lo posible. Por ejemplo, hace unos días un escritor pro-monárquico de nuestro continente afirmaba que España no conquistó a América, sino que España liberó a América, pues Hernán Cortés, cito textualmente, 'aglutinó a 110 naciones mexicanas que vivían oprimidas por la tiranía antropófaga de los aztecas y que lucharon con él'".

Usted también me acusó sin ningún tipo de pruebas -y sin haberse tomado siquiera la molestia de ojear mis antecedentes académicos o de recabar información sobre mi trayectoria política antimperialista- de ser un representante del pensamiento colonialista.

Coincidiendo con su apreciación de que hay asuntos que deben aclararse quisiera recordarle que, como afirma el arqueólogo mexicano Alfonso Caso, quien fuera rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, “el sacrificio humano era esencial en la religión azteca”.

Es por ese motivo que en 1487, para festejar la finalización de la construcción del gran templo de Tenochtitlán -del cual usted, el pasado 13 de agosto, inauguró una maqueta monumental- las víctimas del sacrificio formaban cuatro filas que se extendieron a lo largo de la calzada que unían las islas de Tenochtitlán. Se calcula que en esos cuatro días de festejo los aztecas asesinaron entre 20.000 y 24.000 personas.

Sin embargo Williams Prescott, poco sospechoso de hispanismo, da una cifra más escalofriante. Cuando en 1486 se dedicó el gran templo de México a Huitzilopochtli, los sacrificios duraron varios días y perecieron 70.000 víctimas.

Juan Zorrilla de San Martín en su libro Historia de América relata que “cuando llevaban los niños a matar, si lloraban y echaban lágrimas, más alegrábanse los que los llevaban porque tomaban pronósticos que habían de tener muchas aguas en aquel año”.

“El número de las víctimas sacrificadas por año”, tiene que reconocer Prescott, uno de los historiadores más críticos de la conquista española y uno de los más fervientes defensores de la civilización azteca, “era inmenso”.

Casi ningún autor lo computa en menos de 20.000 cada año, y aún hay alguno que lo hace subir hasta 150.000.

Marvin Harris en su famosa obra Caníbales y reyes relata: “Los prisioneros de guerra, que ascendían por los escalones de las pirámides, [...] eran cogidos por cuatro sacerdotes, extendidos boca arriba sobre el altar de piedra y abiertos de un lado a otro del pecho con un cuchillo. Después, el corazón de la víctima -generalmente descrito como todavía palpitante- era arrancado. El cuerpo bajaba rodando los escalones de la pirámide”.

¿Dónde eran llevados los cuerpos de los cientos de seres humanos a los cuales, en lo alto de las pirámides, se les había arrancado el corazón? ¿Qué pasaba luego con el cuerpo de la víctima? ¿Qué destino tenían los cuerpos que día a día eran sacrificados a los dioses?

Al respecto, Michael Hamer que, ha analizado esta cuestión con más inteligencia y denuedo que el resto de los especialistas, afirma que «en realidad no existe ningún misterio con respecto a lo que ocurría con los cadáveres, ya que todos los relatos de los testigos oculares coinciden en líneas generales: las víctimas eran comidas.

Los numerosos trabajos científicos -tesis doctorales, libros publicados por prestigiosos académicos de fama mundial- con los que contamos hoy, no dejan lugar a dudas de que en Mesoamérica había una nación opresora, la azteca, y cientos de naciones oprimidas, a las cuales los aztecas no solo le arrebataban sus materias primas -tal y como han hecho todos los imperialismos a lo largo de la historia- sino que les arrebataban a sus hijos, a sus hermanos para sacrificarlos en sus templos y luego, repartir los cuerpos descuartizados de las víctimas en sus carnicerías, como si fuesen chuletas de cerdo o muslos de pollo para que esos seres humanos descuartizados, sirvieran de sustancioso alimento, a la población azteca.

La nobleza se reservaba los muslos y las entrañas se dejaban al populacho. Las evidencias científicas con las que contamos hoy, no dejan lugar a dudas al respecto. Era tal la cantidad de sacrificios humanos que realizaban los aztecas de miembros de los pueblos por ellos esclavizados que con las calaveras construían las paredes de sus edificios y templos.

Es por eso que, el 13 de agosto de 1521, los pueblos indios de Mesoamérica oprimidos por los aztecas festejaron la caída de Tenochtitlan.

Como usted, señor presidente, tuvo que reconocer en su discurso, a regañadientes y entre líneas, es materialmente imposible pensar que, con apenas 300 hombres, cuatro arcabuces viejos y algunos caballos, Hernán Cortés pudiera derrotar al ejército de Moctezuma integrado por 300.000 soldados disciplinados y valientes. Hubiese sido imposible, aunque los 300 españoles hubiesen tenido fusiles automáticos como los que hoy usa el Ejército Español.

Miles de indios de las naciones oprimidas lucharon, junto a Cortés, contra los Aztecas. Por eso, su compatriota José Vasconcelos afirma que “la conquista la hicieron los indios”.

¿Y que aconteció después de la conquista, después de esas primeras horas de sangre, dolor y muerte? Todo lo contrario de lo que usted afirma.

España fundió su sangre con la de los vencidos y con la de los liberados. Y recordemos que, fueron más los liberados que los vencidos. México se llenó de hospitales, colegios bilingües y universidades.

España envió a América a sus mejores profesores y la mejor educación fue dirigida hacia los indios y los mestizos.

Permítame recordarle, señor presidente, que tan respetuosos fueron los libertadores españoles -perdón: los conquistadores- de la cultura de los mal llamados pueblos originarios que en 1571 se editó en México el primer libro de gramática de lengua nahualt, es decir 15 años antes de que en Gran Bretaña se publicara el primer libro de gramática de lengua inglesa.

Todos los datos demuestran que, al momento de su independencia de España, México era mucho más rico y poderoso que los Estados Unidos.

Perdóneme usted, señor presidente, que me vaya un poco por las ramas, pero quisiera sugerirle, con todo respeto, que el próximo 2 de febrero, cuando se cumpla un nuevo aniversario del ignominioso tratado de Guadalupe Hidalgo -por el cual los Estados Unidos arrebataron a México 2.378.539 kilómetros cuadrados de su territorio- usted realice un gran acto como el que organizó para el 13 de agosto, que para realzar el mismo, invite al presidente de los Estados Unidos Joseph Biden y en un gran discurso, cuando esté ante el presidente estadounidense, le exija que pida perdón al pueblo mexicano por haberle robado Texas, California, Nuevo México, Nevada, Utah, Colorado y Arizona, tierras que fueron indiscutiblemente parte de México.

Por último, estimado presidente quisiera contarle que, como desde niño siempre me he sentido ligado sentimentalmente a los pueblos oprimidos -quizás por haber nacido en un hogar humilde de la ciudad de Rosario en la República Argentina-, si pudiese viajar en el túnel del tiempo, una y mil veces, me sumaría a los apenas 300 soldados de Hernán Cortés que, con el coraje más grande que conoce la Historia, liberaron a los indios de México del imperialismo antropófago de los aztecas.

Sarmiento, la educaciòn, la cultura y la ciencia

 

Carta de Domingo Faustino Sarmiento a Mary Mann

12 de octubre de 1869


Le escribo el día aniversario de mi recepción del cargo de Presidente, un año hace, para anunciarle que es ley ya la creación del Observatorio Astronómico, lo que puede comunicarle a mi nombre a Mr. Gould, a fin de que se vaya preparando para venirse. No sé si se le escriba directamente a él en el poco tiempo que me queda disponible, hasta la salida del vapor, que coincide hoy con la clausura del Congreso, ceremonia que ejecuta el Presidente en persona.

[…] He terminado el primer año de gobierno, viendo nacer dificultades, y cortándole a la Hisdra una cabeza para ver renacer otra y otra.

No sé si decirle que no estoy desalentado. A través de una opción ficticia, personalísima y desautorizada de todo pretexto plausible, todos los proyectos de ley que he presentado a un Congreso, que venía formado de antemano, han sido sancionados y son leyes ahora, con el presupuesto de gastos tales como los presentes. El país está tranquilo, Urquiza está conmigo, y todo en las formas marcha bien; y sin embargo de que queda en los debates aniquilada, desmoralizada la opción encabezada por el ex Presidente tengo motivos para estar inquieto. Para contrariarme se han puesto en ejercicio todos los medios que sirven en estos países para promover la anarquía; y es tal la situación creada por los acontecimientos anteriores que no está en mis manos poner remedio. Un hecho so lo le bastará para comprender esta situación.  El único proyecto que ha sido combatido y rechazado es el de hacer por empresa particular un puerto en Buenos Aires, que no tiene medios de desembarcar sin enormes costos y demoras los valiosos cargamentos que vienen de Europa. Esta es la necesidad más premiosa y sentida en el país. Le escribo a V. (a las dos de la mañana) en medio de la tempestad más horrorosa.  Es imposible que no hayan mañana grandes siniestros que deplorar en los centenares de naves que están expuestas, peor que en el alta mar a la violencia de la tempestad. Hoy se ha decidido en el Congreso no hacer puerto y parece que la Providencia se encarga de refutar las miserables argucias que han prevalecido. Vencido en las cuestiones de derecho y de conveniencia.

[…] El censo ha sido levantado, y siquiera este paso habré dado en la buena administración. En materia de educación he logrado hacer bastante, y bajo muchos otros respectos no tengo grandes motivos de estar descontento. Tengo seis meses por delante hasta nuevo Congreso. Tengo dos Escuelas Normales en vías de creación, y por tanto colocación para dos profesores de este ramo, que desearía tener de los Estados Unidos.  ¿Sería bastante para uno al menos, una renta de 200$ gold al año? Si hay alguno que quiera aceptarla, 250$ sino pudiese obtener al menos, puede V. inducirlo a venir pagándole sus gastos de viaje.

 No es fácil acostumbrar de golpe a este pueblo a pagar crecidos salarios; y aunque en la ley de creación de Escuelas Normales he omitido a designio señalar salarios, parda dejarme la libertad de crearlas, temo las resistencias vulgares que explotan politician más vulgares todavía, porque el pueblo que desea el progreso como resultado, no pone los medios que sólo han de producirlo. 

Esperando tener un año más de trabajo con más tranquilidad para consagrarme a la educación, cuento siempre con la incansable bondad de V. y sus buenos deseos me confortan y animan,

D. S. Sarmiento

 

Fuente: Cartas que hicieron historia, Buenos Aires, 2001, pp.  293-295

Homenaje a Martín de Güemes en el Bicentenario de su muerte

 

Martín de Güemes familiar

El Epistolario de Güemes nos da la posibilidad de conocer, aunque fugazmente, dado el escaso número de documentos, cómo era la vida familiar de Güemes, su relación con su familia política, su esposa, su cuñado y su suegro. Este Epistolario, tomo 6 de la obra Güemes documentado, editada por Luis Güemes (ed. usada, Buenos Aires, Plus Ultra, 1980), hay cinco cartas de Güemes a su suegro Domingo Puch, una a su cuñado Jerónimo Puch, una a su esposa Carmen Puch y una de ella a él. Son testimonios de una notable disposición de ayuda mutua y de ternura. Como homenaje a Martín de Güemes en el Bicentenario de su muerte a traición, se transcriben varios de estos documentos por orden cronológico. Espero que sirvan para reflexionar sobre la coherencia notable del héroe en su vida privada, en su vida pública y en su acción militar. Un ejemplo para todos.

Celina Hurtado

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Carta de Güemes a Jerónimo Puch, su cuñado – 18 de octubre de 1816

Amado hermano. La adjunta carta original de padre [su suegro, Domingo Puch] instruirá a Usted de la necesidad urgente con que solicita paramentar su oratorio. Es preciso, pues, que cumpla Usted prontamente el encargo que sobre este particular le tiene hecho, avisándome su resultado para ver si se consigue del otro modo que propone.

No tengo novedad. Sólo, sí, muy aburrido. El domingo o lunes marcho para la Vanguardia, y hasta la vuelta, adiós le dice su mejor hermano

Güemes

Jujuy, octubre 18 de 1816

Señor don Gerónimo Puch

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Carta del Güemes a Domingo Puch, su suegro, del 26 de enero de 1817

 Mi amado padre:

Aquí los caballos sobrantes de los que Usted haya recibido de los remitidos para el señor general cuando los que traiga reunidos de la pertenencia del Estado, póngamelos Usted en potrerillos seguros hasta que disponga de ellos.

Pedí a Usted me remitiese todos mis caballos los que tenía en el cerro, con persona segura y con dirección a Guachipas y que así que llegue a este punto me lo avise, agregando a éstos todas las mulas que hubiesen bien mansas de las remitidas también por el expresado señor general.

Ya lo supongo impuesto de las ventajas que hemos logrado sobre lso enemigos en las muchas guerrillas que hemos tenido, por esto y porque el tiempo no me lo permite no se las comunico circunstanciadamente, pero lo haré así que me lo permita.

Su salida a encontrar a mi Carmencita no tendrá el efecto que Usted desea, pero así que lleguen los caballos haré que marche a pesar de su insubordinación en esta. Devuelva Usted los recuerdos a mi abuela, hermanos y tíos, y Usted reciba la firma voluntad de su hijo

Martín Güemes

Salta, enero 26 de 1817

Señor don Domingo Puch

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Carta de Carmen Puch, su esposa, a Güemes, del 9 de junio de 1820

Mi idolatrado compañero de mi corazón: acabo de recibir tu apreciable en la que me dices me vaya a La Candelaria, no lo hago con brevedad por esperar alguna noticia de que se mueva el enemigo, por dos bomberos que tengo, uno en el camino del río Blanco y el otro en el Carril. Ahora mismo he mandado a don Juan Rodríguez hasta donde está Gorriti a que le diga que en el momento que haya algún movimiento me haga un chasqui.

El principal motivo de no irme es estar mi Luis muy enfermo con la garganta llena de fuegos y con unas calenturas que vuela, hoy me he pasado todo el día llorando de verlo tan malito. Ahora se me ha mejorado con una toma de magnesia. Lo ha hecho vomitar y evacuar mucho, aunque ha quedado muy caidito pero se le ha minorado la calentura. No creas que estas sean disculpas por no irme, pregúntale a tío como está mi Luis, no tengas cuidado de mí, estoy con seguridad.

Mi vida, mi cielo, mi amor, por Dios cuídate mucho y no vayas a estar descuidado, Mi rico, cuándo será el día que tenga el gusto de verte uy estrecharte en mis brazos y darte un millón de besos en mi jetita rica recibe un millón de besos de tu rico Martín que cada día está más lleno de gracias picardías de tu Luis, mil cariños.

Y el corazón más fino de tu afligida compañera que con ansias desea verte

Tu Carmen

PD

Expresiones de padre y hermanos

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Las últimas cartas

[Los estudios sobre las últimas acciones de Güemes permiten datar estas cartas en relación a acciones del 26 de marzo de 1821. Güemes se retira de Tucumán y sus tropas son vencidas en El Rincón. Güemes, en la frontera con Salta, las refuerza y se pone a la cabeza, donde su vanguardia derrota a los tucumanos. Pero el 24 se produce en Salta la revolución contra él, pero los revolucionarios fueron dispersados por él mismo el 31 de mayo. El 7 de junio lo sorprenden en una emboscada, donde participaron sus enemigos internos y el jefe español Olañeta, donde fue herido, muriendo diez días después]

A su esposa Carmen Puch

Mi adorada Carmen mía. Es tanto lo que tengo que hacer que no puedo escribirte como quisiera; pero no tengas cuidado de nada, pronto concluiremos esto u te daré a ti y a mis hijitos mil besos, ti invariable

Martín 

A su suegro Domingo Puch

Apreciadísimo padre:

Dentro de tres o cuatro días estará concluido todo, pero las armas y municiones las necesito volando

Su afectísimo hijo

Martín Güemes

Señor don Domingo Puch